lunes, 27 de septiembre de 2010

Cereza roja sobre losas blancas

La entrada en segundo de bachillerato está dejando su mella en mi actividad en el blog. Todas las ideas se centran en el curso y estoy dejando demasiado de lado mi sitio para pararse a tomar algo, así que hoy vuelvo a lanzarme a la piscina y lo hago, ni más ni menos, que con la recomendación de un libro. Poesía. Cereza roja sobre losas blancas de Maram al-Masri.
Libro que leí hace ya un tiempo, me encantó. En tres versos conseguía transmitirte lo que muchos intentan decirte en páginas enteras de palabras inteligibles. Aquí un ejemplo:

Qué estupidez
al mínimo roce
mi corazón se abre.

¿Por qué no decirlo? Es mi poema preferido de todo el libro, me reflejo en él, yo soy así. También hay que decir de esta obra que es una bilingüe, tienes reproducido el texto tanto en español como en árabe, lengua materna de la escritora.
Cada verso, cada poema, sale cual cereza de un gran cesto lleno de sensualidad, amor, silencio... comprobadlo ahora mismo, y si os deja con buen sabor de poca, id a por más cerezas en la primera papelería que veáis abierta.



Soy la ladrona de los caramelos,
ante tu tienda

mis dedos se quedaron pegados,
y no conseguí
llevarme ninguno a
la boca.

*

Golpes en la puerta.
¿Quién es?
Escondo el polvo de mi soledad
bajo la alfombra,
compongo mi sonrisa,
y abro.

*

Entran en nuestra vida
como arroyuelos;
y de repente
nos ahogamos en ellos,
y ya no sabemos
quién nos dio
el agua o la sal,
ni quién
dejó en nosotros
esta amargura.

*

Ella me abre
sus amplias puertas.
Me llama
y me empuja a abalanzarme,
libre,
hacia su espacio,
y como un pájaro
ante la puerta abierta de su jaula
no me atrevo.

*

Arden en llamas los árboles
al tocarlos
con mis dedos.

*

La anudo
entre la mandíbula y el paladar
con un pañuelo blanco
que aprieto en mi nuca,
como a los muertos
como a los prisioneros
para que, la palabra,
no estalle.

*

Esperaré
a que duerman los niños,
para dejar
que el cadáver
de mi fracaso
flote en la superficie.

*

Como me pediste
lavé los platos
fregué el suelo
limpié los cristales
planché las camisas
y leí a Dostoievski.

El malicioso tiempo que
normalmente vuela estando contigo
tic tac
tic tac
comenzó a caminar

*
Mi alegría y yo
esperamos
el aleteo de tus pasos.

*
Maté a mi padre
aquella noche
o aquel día
ya no lo sé,
huyendo con una sola maleta
que llené de sueños sin memoria,
y una fotografía
mía con él
de cuando era pequeña
y me llevaba en brazos.

Enterré a mi padre
en una hermosa caracola
en un profundo océano,
pero me encontró
escondida bajo la cama
temblando de miedo
y de soledad.




Míriam